¿Por qué algunas personas necesitan más silencio que otras?

Para algunas personas, el silencio es incómodo.
Para otras, es indispensable.

Después de una reunión, una fiesta o incluso una jornada laboral, hay quienes necesitan poner música y seguir activos. Otros solo quieren llegar a casa, sentarse unos minutos y escuchar… absolutamente nada.

No es una cuestión de personalidad. Tampoco de timidez.
En gran parte, es biología.

No todos los cerebros procesan el mundo de la misma manera

Cada segundo nuestro cerebro recibe millones de estímulos: sonidos, conversaciones, luces, olores, movimientos, información visual y pensamientos propios.

Pero no todos los cerebros filtran esa información con la misma intensidad.

Algunas personas poseen una mayor sensibilidad al estímulo ambiental. Su sistema nervioso procesa más información del entorno y lo hace con mayor profundidad.

Eso significa que una conversación en un café, una oficina con ruido o un shopping un sábado pueden representar un esfuerzo cognitivo mucho mayor que para otras personas.

No es exageración.
Es una forma distinta de procesar el mundo.

El silencio también alimenta

Así como el cuerpo necesita dormir para reparar los músculos, el cerebro necesita momentos de baja estimulación para reorganizar la información que recibió durante el día.

Cuando encontramos silencio ocurre algo muy interesante:

· disminuye la producción de cortisol.
· baja la frecuencia cardíaca.
· mejora la capacidad de atención.
· aumenta la creatividad.
· el cerebro comienza a consolidar recuerdos y experiencias.

Incluso existen investigaciones que muestran que períodos de silencio favorecen la actividad de regiones cerebrales vinculadas con la memoria y el aprendizaje.

Es decir, el silencio no es ausencia.
Es un espacio de reparación.

Vivimos rodeados de ruido… incluso cuando creemos que no

Hace apenas unas décadas el silencio era algo cotidiano.
Hoy prácticamente desapareció.

Nos despertamos con una alarma.
Miramos el celular.
Escuchamos podcasts mientras manejamos.
Trabajamos con música.
Entrenamos con auriculares.
Comemos mirando una pantalla.
Dormimos con el televisor prendido.

Nuestro cerebro casi nunca tiene la oportunidad de quedarse sin estímulos.

Y cuando eso ocurre durante semanas o meses, aparece una sensación difícil de describir: cansancio mental sin causa aparente.

El silencio no es aislamiento

Necesitar silencio no significa querer estar solo para siempre.

Significa darle al sistema nervioso el tiempo suficiente para recuperar equilibrio.

Muchas veces diez minutos de tranquilidad generan más descanso mental que una hora mirando redes sociales.

Cómo incorporar pequeños espacios de silencio

No hace falta irse a una montaña.

Podés empezar con cosas muy simples:

· caminar diez minutos sin auriculares.
· manejar con la radio apagada.
· desayunar sin mirar el teléfono.
· sentarte cinco minutos sin hacer absolutamente nada.

Al principio puede resultar incómodo.
Después se transforma en una necesidad.