La fricción invisible que sabotea tus decisiones
Te pasa: sabés que entrenar te va a hacer bien. O que apagar el celular antes de dormir es lo correcto. Pero igual no arrancás. Esa resistencia invisible no es flojera ni falta de disciplina: es fricción cognitiva y emocional, y entenderla te puede cambiar la vida.
¿Qué es la fricción invisible?
Es la pequeña barrera entre la intención y la acción. Es eso que hace que el primer paso parezca más difícil de lo que es.
Puede venir de tres lugares:
- Fricción física: “No tengo las zapatillas cerca”. “No sé qué cocinar”.
- Fricción mental: “Me va a costar mucho”, “Seguro no me sale bien”.
- Fricción emocional: Ansiedad, culpa, miedo al fracaso, autosabotaje.
Tu cerebro está diseñado para ahorrar energía y evitar incomodidad. Valora más el confort inmediato (dopamina rápida) que un beneficio futuro. Por eso, iniciar una actividad que aún no se convirtió en hábito requiere superar una mini batalla interna. Pero cuando empezás… todo fluye.
- Prepará todo antes. Ropa, comida, escritorio, app abierta.
- Reducí el primer paso. En vez de “entrenar 1 hora”, pensá “hacer 10 minutos”.
- Usá gatillos visuales. Calendario, post-its, alarmas.
- No negociés. Decidí antes, no al momento.
Conclusión: No te falta disciplina. Te sobra fricción. El truco no es “aguantar más”, sino hacer que empezar cueste menos.