
Hay personas que llegan a los 80 años con la misma curiosidad que un niño. Y no es casualidad. La curiosidad es uno de los mejores gimnasios para el cerebro.
El cerebro ama las preguntas
Cada vez que aparece una pregunta que realmente nos interesa, el cerebro libera dopamina.
Esa dopamina aumenta la atención, mejora la memoria y prepara al cerebro para aprender.
Por eso recordamos mucho mejor aquello que descubrimos por curiosidad que lo que estudiamos por obligación.
Aprender modifica físicamente el cerebro
Cada conocimiento nuevo fortalece conexiones entre neuronas. Este proceso se llama neuroplasticidad.
El cerebro cambia durante toda la vida. No deja de aprender a determinada edad. Lo que deja de cambiar es cuando dejamos de desafiarlo.

La curiosidad protege el cerebro
Aprender idiomas.
Leer.
Escuchar un podcast.
Tocar un instrumento.
Viajar.
Conocer personas nuevas.
Todo eso obliga al cerebro a construir nuevos caminos neuronales. Y cuanto más caminos construye, mayor es su capacidad para adaptarse.
La curiosidad también mejora el bienestar
Las personas curiosas suelen experimentar:
· mayor creatividad.
· mejor capacidad para resolver problemas.
· más flexibilidad mental.
· mayor sensación de propósito.
Porque la curiosidad tiene algo maravilloso: nunca envejece.
