El cuerpo nunca grita de entrada.
Primero susurra.
Una molestia leve.
Un cansancio raro.
Una contractura que aparece “de la nada”.
Pero como no duele fuerte, seguimos.

El cuerpo como sistema de alerta
El cuerpo registra todo antes que la mente: estrés sostenido, emociones no procesadas, exceso de exigencia, falta de pausa.
Cuando no lo escuchamos, sube el volumen.
Dolores recurrentes, fatiga persistente, digestión alterada, cambios en el apetito o el sueño no son fallas: son mensajes.
Por qué ignoramos las señales
Porque estamos entrenados para seguir.
Para empujar un poco más.
Para normalizar lo que no es normal.
Y el cuerpo aprende algo peligroso:
“Tengo que gritar para que me escuchen.”

Escuchar antes de romper
Escuchar al cuerpo no es dramatizar.
Es ajustar a tiempo.
Dormir una hora más.
Bajar una marcha.
Moverse distinto.
Decir que no.
