Pasamos más horas sentados que durmiendo. Y aunque parezca inofensivo, el sedentarismo prolongado tiene efectos fisiológicos profundos. El cuerpo humano fue diseñado para moverse.

– En solo 30 minutos de inmovilidad, el flujo sanguíneo en las piernas ya disminuye.
– Los músculos glúteos y abdominales se “duermen”, reduciendo la estabilidad postural.
– Se altera la sensibilidad a la insulina y aumenta el riesgo de inflamación sistémica.
– La falta de movimiento también afecta la oxigenación cerebral y la concentración.

Podés pasar 8 horas en una oficina y seguir siendo una persona activa si interrumpís el sedentarismo cada 30-60 minutos.
Levantarte, caminar, estirarte o hacer respiraciones profundas cambia el metabolismo y reactiva el sistema nervioso.
Estrategias simples
– Programá pausas de movimiento.
– Tomá llamadas de pie.
– Usá escaleras y no ascensor.
– Hacé mini rutinas de movilidad articular durante el día.
Conclusión: Moverte no solo quema calorías: mantiene tus sistemas encendidos. Cada minuto de movimiento es una inversión biológica.

